Como inicio de esta argumentación al respecto de la construcción social del trabajo, se puede atender a los rasgos definitorios que contextualizan al hombre actual, según la mirada de Hannah Arendt:
Instrumentalización del mundo: confianza en los objetos y su fabricación.
Principio de utilidad: toda motivación o problema ha de pasar por ese filtro como medida de validez.
Soberanía: uso de la naturaleza y sus elementos a su gusto.
Inteligencia aplicada a la ingeniosidad: encauzamiento de todo pensamiento para fabricar y producir, despreciando el pensamiento que no vaya en esa línea.
Fabricar (Hacer): como principal actividad humana, específicamente, el trabajo.
Dolor y placer: principios rectores del discurrir vital, evitación de uno y búsqueda del otro (este segundo es lo que se considera “felicidad”).
Homogeneidad por Heterogeneidad: abandono de todo lo que indique individualidad en favor de asumir e incorporar un tipo funcional de conducta.
Como se puede observar, la concepción sobre el Trabajo es la atmósfera que lo circunda, que envuelve a estos rasgos. El hecho que marca que el Trabajo constituye la organización pública del propio proceso de la vida descansa en la transformación de las comunidades en sociedades de trabajadores y empleados, donde estos desarrollan esta función, la de trabajar, desde la consideración de que esta es la forma y medio para mantener su propia vida y la de su familia (en caso de tenerla), nos apunta asimismo Arendt.
De esta forma, se puede expresar claramente la entronización del Trabajo por parte de cualquier Estado que se pretenda considerar serio y riguroso, por ello, todo empleo ha de ser cubierto, superando entonces cuestiones tan necesarias para el desempeño laboral como la vocación, esto es, desde esta premisa, actividades profesionales tan marcadas por la vocación, como pueden ser la docencia o la medicina, pasan a configurarse así como “huecos, sitios a los que ir a trabajar”. Así, todo ciudadano, en la configuración de su identidad, ha de trabajar, y para ello, las cuatro posibilidades a las que se somete, siguiendo la propuesta de Félix Talego, son:
1.- Formarse para trabajar.
2.- Trabajar efectivamente.
3.- Buscar trabajo.
4.- Demostrar que se está incapacitado para trabajar.
A su vez, esto se somete a una triple variable a partir de la que se estructura la actividad laboral:
1.- Trabajo productivo: el más importante ya que genera riqueza.
2.- Trabajo improductivo: lo necesario para que el anterior prospere y se desarrolle, aunque no genera por sí mismo riqueza.
3.- Trabajo reproductivo: asimilable al “trabajo de cuidados” de todo tipo.
En este sentido, en una sociedad donde el Trabajo ocupa el primer puesto de las actividades humanas, las personas son medios para un fin: se juzga a estas en tanto y en cuanto pueden producir. Asimismo, el “valor” de los productos resultantes se establecen a tenor de su exposición y medición públicas, esto es, en función de su estimación, solicitación o desprecio. Ha de igualarse en esta línea, el “valor” que se otorga a las diferentes actividades laborales de las personas en sociedad.
Desde esta clasificación, por tanto, lo importante es producir: es lo mismo hacer mantas, chupetes que bombas, no hay más valor ni riqueza que esa: desingularización de las cosas, cuantos más elementos producidos mejor. Producción en favor del crecentismo, sin importar el qué o para qué: por ejemplo, creación de miles de puestos de trabajo, pero en qué ámbito y en el para qué de esa creación. Todo pasa, pues, por un incremento constantemente acelerado en la productividad del Trabajo = crecimiento no natural de lo natural. Este hecho viene impulsado, como prueba fehaciente de la importancia social sobre el Trabajo, por la división del Trabajo, producto de la organización laboral. Esta especificidad tiene su punto favorable en cuanto a que nos ha encumbrado a la excelencia en nuestro desarrollo para el Trabajo (departamentos, secciones, delegaciones, personal técnico, secretarías … son muestra de ello); sin embargo, esta exquisita dedicación para hacer una, cada vez mejor y más eficiente, sociedad de trabajadores, ha provocado que se vayan descuidando otras capacidades del ser humano como la acción y el discurso como propugna Aristóteles en su visión sobre el hombre: este considera al hombre como un “animal político”, entre cuyas virtudes está la creación de comunidades con su herramienta más distinguidora y constructiva, esto es, la palabra.
En cuanto al uso de la palabra, al propio argumentario nacido de la reflexión (actividad propia de la Vita contemplativa en total devaluación desde el enfoque actual para el trabajo por su naturaleza no productiva), Arendt sentencia que Con palabra y acto nos insertamos en el mundo humano. Como consecuencia, a partir de lo establecido sobre la posición del Trabajo en el ideario colectivo-social, cabe hacerse la primera pregunta:
1.- Para la temática que nos aborda y los colectivos destinatarios: ¿Cómo y cuál es esa palabra y ese acto en y para el mundo laboral?¿A qué realidad responden o a qué realidad se han de adaptar? Al respecto de los colectivos de Sísifo: ¿cuál es la palabra y acto en MVG (mujeres víctimas de violencia de género), AdJ (personas adultas jóvenes), REXS (personas en riesgo de exclusión social), MAM (mujeres adultas mayores)? La acción (acto) es lo que dota de fe, esperanza y posibilidades, y desde Sísifo, se capacita competencialmente y se orienta.
Paralelamente a la posición privilegiada del Trabajo a nivel social, se ha de apuntar el Mercado, o preferiblemente, la sacralización del Mercado, esto es, este ente como summum de índole equiparable al de una divinidad a cuyos mandatos se ha de plegar todo aquello (tanto objetos cualesquiera como personas) para poder formar parte de su campo gravitatorio. Como pruebas objetivas de este ascenso a tales rangos, valgan estos apuntes desde la perspectiva de Isidoro Moreno:
Ha conseguido desplazar, en cuanto a su importancia, a los absolutos sociales imperantes: Religión y Estado.
Aquello cuanto no se integra en el Mercado, es decir, lo que no funciona como mercancía, con valor de cambio, está devaluado socialmente o no se percibe siquiera su existencia (“amas de casa”, jubilados, parados de larga duración…).
Sus valores fundamentales: competitividad, aumento continuo de la productividad, desregulación de las relaciones laborales, empleabilidad permanente (cuestiones anejas a la relevancia social del trabajo) vs visiones anteriores (el trabajo como medio de realización personal, creación de la conciencia colectiva, bien social).
Categoriza a lxs trabajadorxs en tres bloques: integrados (aquellxs que forman parte de ese sistema y participan activamente en él), precarixs (forman parte pero de forma intermitente o en malas condiciones), marginadxs (fuera del sistema).
Así, y en esa clara línea convergente entre Mercado y Trabajo, se ha de visibilizar el trasfondo que, a la visión de Isidoro Moreno, se presenta ante el concepto de Cultura de trabajo, esto es, esos axiomas o “verdades” desde los que se desempeña un trabajo/oficio/profesión o se comprende el funcionamiento del mundo laboral de forma integral, con su consecuente impronta en la construcción de la identidad, consumos o relaciones sociales, así como la afectación que de ello se derive en cuanto al Bienestar Emocional y/o Integral.
Es por ello por lo que se hace de imperiosa necesidad, ante esta perspectiva de la sacralización del Mercado y la impronta de la ideología del Trabajo, la creación de “identidades de resistencia”, para en el futuro poder aspirar a reconvertirlas en “identidades proyecto” encaminadas a la transformación de toda la estructura social, o dicho de otra forma, y así hacer una segunda parada:
2.- Relevancia, importancia de un modelo o propuesta con un enfoque para el Bienestar Emocional, propuesta que hace efectiva el proyecto Sísifo.
Fuentes:
La condición humana. Hannah Arendt
Globalización, ideologías sobre el trabajo y culturas del trabajo. Isidoro Moreno
Del mito del trabajo a la abolición del empleo. Félix Talego
“No se ha producido nunca, en ningún lugar del mundo occidental, en contra de lo que se afirma, un proceso profundo de secularización, es decir, de desacralización de la sociedad. Lo que sí ha ocurrido realmente es un proceso de laicismo, es decir de debilitamiento del papel de la religión, que ha sido desalojada de la centralidad del ámbito de lo sagrado y sustituida en esa centralidad por valores e ideologías laicas sacralizadas”. (Moreno, 2003)
Aquello que no se ajusta al funcionamiento del Mercado como sacro central en el panteón fragmentado de absolutos sociales, es decir, lo que no se comercializa ni tiene un valor de cambio, tiende a ser desvalorizado socialmente o incluso ignorado por completo. Esto se observa claramente en el trabajo realizado por las «amas de casa», que, a menudo, se menosprecia o se considera simplemente como trabajo reproductivo pero no productivo, a pesar de su enorme contribución al funcionamiento de la sociedad. Lo mismo ocurre con el trabajo que realizamos para nuestro propio beneficio, aunque tenga un alto valor uso. Además, esta misma lógica se aplica a grupos como los jubilados, los desempleados de larga duración y los jóvenes sin trabajo, quienes quedan marginados socialmente al no participar en el mercado laboral.
Sin embargo, en la sociedad contemporánea el trabajo no es simplemente una actividad económica, sino que el trabajo deviene en una de las componentes irreductibles desde las que se articula la identidad social de las personas.
Toda persona se posiciona socialmente respecto a un triple marco de referencia como la matriz social identitaria:
relaciones de producción;
relaciones de sexo-género;
y relaciones interétnicas.
La sociedad asigna rasgos y categorías a las personas, generando expectativas que influyen en la forma en que las personas se perciben a sí mismas y son percibidas por los demás.
La identidad personal es también una construcción social que emerge en la interacción social.
Con todo ello la identidad social define al autoconcepto y al formar una parte tan amplia de nuestro autoconcepto, de forma inevitable, los grupos sociales impactan de manera decisiva en nuestra autoestima.
Moreno, I. [Isidoro]. (2003). La Trinidad sagrada de nuestro tiempo: mercado, estado y religión. Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla. https://idus.us.es/handle/11441/41966
A resultas de lo expuesto en las entradas (i) y (ii) los indicadores que puedan informarnos para «Identificar las Altas capacidades» van a depender consecuentemente de:
La edad y momento evolutivo;
El contexto en el que la persona se desenvuelve;
El paradigma comprensivo de las altas capacidades;
La persona que observa.
A veces los sujetos no responden a un perfil de interés por el conocimiento pero sí hay otras cuestiones que podemos observar como pueden ser el pensamiento estratégico, la velocidad de respuesta a cuestiones cotidianas complejas, la creatividad de estas respuestas u otros rasgos indicadores. Esto es, debemos mirar desde un ángulo basado tanto en las motivaciones para ejecutar una determinada conducta, como en los propósitos que se persiguen con las actuaciones que se desarrollan o los modos con los que se ejecutan esas respuestas.
Si adoptamos el primer punto de vista podríamos atender a aspectos como:
la intensidad lectora;
la memoria auditiva;
la organización temporal;
las argumentaciones;
los razonamientos;
la curiosidad inusual;
el desarrollo armónico;
la autonomía e independencia;
la voluntad de indagación;
el “parecer mayor”.
Si atendemos a las finalidades e intenciones de las acciones podríamos observar otros, tales como:
la observación inusual;
la memoria visual;
la organización espacial;
la capacidad de negociación;
el despliegue de estrategias;
las conclusiones inusuales;
el desarrollo asincrónico;
la coordinación cerebro-mano-ojo;
el “resultar raro».
Ambas formas de ser y estar en el mundo llevan asociadas una forma de querer aprender distinta: aprendo y luego experimento; experimento y luego aprendo.
Renzzuli adoptaría la denominación de dos perfiles distintos (Renzulli y Gaes, 2015):
El perfil lógico-académico
El perfil creativo-productivo.
Pero es de enorme importancia para una comprensión más adecuada de las Altas Capacidades añadir que estos serían los extremos de una serie de posiciones intermedias; esto es, de una gradación con una enorme diversidad de combinaciones y perfiles que se podrían analizar desde la observación o el análisis.
El perfil lógico-académico resulta más fácilmente identificable porque se aproxima más a la comprensión que se tiene de las Altas Capacidades. Sin embargo no siempre se le atribuye un valor homologable al perfil quienes encuentran estimulación y sentido para movilizarse en los desafíos, en proyectar e inventar, aplicar, ejecutar o coordinar.
El proyecto SÍSIFO (KA210-ADU-Small-scale partnerships in adult education), concedido por el Servicio Español Para La Internacionalización de la Educación (SEPIE) en el marco del programa europeo Erasmus Plus, parte de una premisa fundamental: “lo bueno se hace esperar”. Desde Urdimbre Social con la ilusión, la motivación y la energía que nos caracteriza, arrancamos como organización coordinadora este trazado de estrategias, herramientas y recursos para el alcance de los siguientes objetivos:
· Promover competencias para el Bienestar Emocional que repercutan positivamente en la empleabilidad de personas adultas desempleadas en situaciones de VULNERABILIDAD (violencia de género), RIESGO DE POBREZA y EXCLUSIÓN SOCIAL, así como personas adultas JÓVENES que persiguen su acceso y permanencia en el mercado laboral.
· Construir una propuesta de intervención complementaria a los programas de formación para la orientación e inserción laboral que considere la trascendencia de la salud mental mediante competencias para el Bienestar Emocional de las personas.
· Contribuir al ENVEJECIMIENTO ACTIVO con Bienestar Emocional de mujeres adultas mayores que han dedicado su vida y/o siguen dedicándose a trabajar de un modo no regulado para el cuidado de otras personas, iniciando una primera etapa para la construcción de un modelo de intervención destinado al bienestar emocional de las personas mayores en su conjunto.
Asimismo, como expone otro dicho: “si quieres ir lejos, ve acompañado”, recorreremos este camino conjuntamente con dos organizaciones europeas de importante calado social para las pretensiones que se persiguen. De un lado, la Cooperativa Sociale il Faro de Italia pondrán su conocimiento y experiencia a los fines y objetivos, así como la intercooperación con la organización rumana AIM Association of intercultural mediators.
Nuestro compromiso con el Bienestar Integral de las personas se configura en este proyecto. Prometemos implicación, rigor y formalidad para con quienes han depositado su confianza en Urdimbre Social para la aprobación de este proyecto y los colectivos implicados.
¡¡A por ello!!
El proyecto «Sísifo. Bienestar emocional para personas adultas en situación de inactividad laboral» está cofinanciado por la Unión Europea. Las opiniones y puntos de vista expresados (en esta nota de prensa/publicación/etc.) son exclusivamente del autor (Urdimbre Social, S. Coop. de Interés Social) y no reflejan necesariamente los de la Unión Europea ni los del Servicio Español para la Internacionalización de la Educación (SEPIE). Ni la Unión Europea ni la Agencia Nacional SEPIE se hacen responsables de ellos.
La revisión profunda de la Escuela es imperante, necesaria y emergente. Dado este entorno en el que habitamos, entorno VUCA para los expertos (por sus siglas en inglés Volatility (V), Uncertatinty (U), Complexity (C) y Ambiguity (A), el cual, avanza de forma tan vertiginosa que ha cambiado su nomenclatura por BANI (Brittle, Anxious, Non-linear e Incomprehensible), a lo que se le suma la visión de Zigmunt Bauman sobre esta «modernidad líquida» donde todo cambia y nada permanece: ¿a qué se está dedicando la Escuela?¿Hacia dónde tiene puesta las miras y el foco?
De progresiva incorporación (en el mejor de los casos) están siendo las que se conocen como Metodologías activas, aquellas que dan un mayor papel protagonista al alumnado, esas que dan voz a sus inquietudes y provocan la investigación y el trabajo en colaboración. Pero no. Ese no es el mejor recurso de la Escuela.
En paralelo, soportes digitales también tienen su sitio en lo académico: ordenadores portátiles, aulas equipadas con tecnologías audiovisuales, incluso la llegada de la realidad virtual. Pero no. Ese no es el mejor recurso de la Escuela.
Asimismo, las editoriales de libros de texto se actualizan, hacen conjunción de esas metodologías y los recursos digitales, proponen otras formas de hacer en el aula y facilitan todo tipo de materiales. Pero no. Ese no es el mejor recurso de la Escuela.
¿Entonces?
Lo importante es la persona. El/la docente con una base fundamentada en el Bienestar Emocional que siente, respira, comprende la vida de su aula y ES con ella. Desde esa mirada, siembra, acompaña, guía y usa todas las opciones posibles. La reflexión sobre nuestra práctica de aula ha de ir unida, aparejada de forma indisoluble a la de la interioridad de la propia persona: toda trasformación es desde dentro hacia afuera. De esta forma, se puede salvar la repetición de un modelo, la autoimposición “porque es la moda”, darle continuidad a algo en lo que no se cree realmente, derrochar energía, perder perspectiva y foco.
Este proceso ayudará a la persona a descubrir su camino, a tomar conciencia de cuál es su papel, a dar lugar a que su Ser, sin más ingredientes, forme parte del aula, de sus relaciones, de su Vida, ya que Ser y Hacer se complementan mutuamente. Es entonces, desde la comprensión global, donde toma sentido el camino decidido: ayudar a desaprender, ayudar a aprender, acompañar, guiar, asesorar… teniendo cabida desde la más clásica y arcaica visión tradicional hasta la práctica desde proyectos de trabajo o aprendizaje cooperativo: son recursos, que se pueden aprender o incluir incomparables al docente con equipamiento emocional.