🇪🇺Proyecto E+ Sísifo. Bienestar Emocional para personas adultas en situación de inactividad laboral. Colectivo Mujeres Adultas Mayores (MAM).
Recorrido del modelo de intervención para el colectivo de Mujeres Adultas Mayores del proyecto europeo 🇪🇺 Sísifo. Quizás la pregunta es: ¿Mujeres Adultas (+65) e inactividad laboral? Así es. El inicio de este proceso lo hemos querido hacer desde quienes con su esfuerzo, trabajo (considerado como improductivo) y sacrificio, han sido quienes se han encargado de la tarea de los cuidados: la casa, l@s niñ@s, los mayores, … porque ELLAS también se merecen el Bienestar Emocional y así ha de ser reconocido. 🚨 Desde la primera sesión, titulada “El derecho a la mirada”, hasta llegar a la culminación, denominada «Re encuentro» hemos realizado un discurrir reflexivo y crítico por los mandatos sociales y de género, su impronta y su reflejo para la reproducción mediante las canciones 🎶 , los textos escolares 📚 y la publicidad📢, reconocimiento de roles sostenidos durante sus vidas y similares para ofrecerles herramientas válidas para la resignificación de su importancia en el núcleo familiar, de gestión emocional para el equilibrio, el Bienestar y la validación de lo que sienten hasta ultimar tras cuatro sesiones de trabajo con una confrontación de lo adquirido frente a lo que traían en sus «mochilas» de vida.
Agradecemos sinceramente la disponibilidad para esta labor en las localidades de Alcolea del Río y Aznalcázar que tanto nos ayudan y colaboran, especialmente, las concejalías de Igualdad y Educación.
Como en otros casos, la cuestión es posicionarse: ver y observar, oír y escuchar, mirar y atender, y otros tantos binomios que existen. Éste que se plantea en el título tiene un matiz especial para la persona y para la Vida. En el trabajo, en las relaciones, en «lo que pasa», ¿dónde nos situamos? ¿Qué opción nos ofrece más? La cuestión es posicionarse.
Leyendo recientemente a Víktor Frankl en El hombre en busca de sentido, se hizo presente la importancia de la actitud ante la Vida. Él, aun estando preso en varios campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial, consigue desapegarse de su entorno manteniendo una actitud sostenida por conocer el sentido que la Vida tenía para él, lo cual lo hacía sabedor que su internamiento era parte de su proceso y no un resultado, es decir, que hasta el sufrimiento allí experienciado tenía sentido por encontrarse en su camino: una vida que dependa de una casualidad no merece ser vivida.
Llevándonos esto al terreno que decidamos, la necesidad de los resultados es obvia, claro está, ya que son los que nos van a mostrar significados al respecto de nuestra labor; sin embargo, se hace preciso alcanzar más allá del ser «resultadista», esto es, tener la mirada fija en la consecución final, ya que será la observación y el análisis continuo del proceso lo que nos va a mostrar el reflejo de cómo estamos desarrollando y encauzando el objetivo a lograr. Dicho de otra forma: es necesario tomar conciencia plena del proceso (inicio, desarrollo, diferentes fases, procedimientos…) para afianzar el resultado. ¿Y en la Escuela?
Conocer significa irse haciendo consciente de cuánto desconocemos, y que antes ignorábamos desconocer.
La actitud… ¿qué es? ¿En qué consiste? ¿Cómo me afecta/ocupa/preocupa? ¿Qué significados puede tener? ¿Cómo se puede intervenir en ello y para qué? ¿Actitud buena-mala es sinónimo de saber-no saber estar? ¿Qué hay dentro de ese saber-no saber estar (miedo, motivación, respeto, tolerancia, interés, inquietud, aprendizaje…)? ¿A qué responde? ¿Qué efectos tiene lo actitudinal en lo académico/ en el aprendizaje/ en la persona?
Cuando reflexionamos y/o actuamos exclusivamente sobre la acción, basada en lo actitudinal, en nuestro alumnado, estamos perdiendo mucha información que nos podría facilitar el conocimiento de la persona: necesitamos el diálogo y la comunicación. Son estas piezas clave la guía para saber de dónde nace ese acto, es decir, a qué nivel de profundidad al respecto del iceberg neurológico de Robert Dilts (ver foto superior) se origina. Con ello, las preguntas que hagamos y las respuestas recibidas son el eje articulatorio de este planteamiento; y por otra parte, considerar que, a mayor nivel de profundidad, mayor complejidad, así como mayor posibilidad de trasformación en y para la persona. Llegamos a lo esencial: las emociones.
Apuntar asimismo que, previo a este proceso, hemos de autoanalizarnos para llegar a concienciarnos sobre qué es lo que consideramos que está bien/mal y, sobre todo, qué es lo que lo motiva: ¿es objetivación mía/cultural/ lo que se espera de mí? ¿Está motivado por mi necesidad de control de las situaciones?
Se pueden resolver dos enfoques de las situaciones derivadas de la actitud de nuestro alumnado: Lo que es / Lo que debería ser. El principio común que tienen ambas es que son un tipo de respuesta (o quizás reacción…qué lío!), sin más, ni buena ni mala; sin embargo, podemos estar limitando el aprendizaje que de ello se da: ¿cuál suele ser nuestra primera respuesta (o reacción, claro)? ¿En cuál de estas dos opciones nos situamos cuando experimentamos una actitud que nos molesta o desagrada? Si nos situamos en Lo que debería ser, nuestra respuesta probablemente se esté fijando en una situación no real, no existente o a la que no se ha llegado todavía («no tiene que comportarse así porque…» y añadimos los argumentos que veamos convenientes); sin embargo, posicionándonos desde Lo que es nuestra mirada se ajusta a la realidad, al aquí y ahora desde donde nuestro pensamiento, ejercitado y reflexionado desde el iceberg neurológico de Dilts, ofrecerá una versión tendente a la resolución positiva, al aprendizaje, al diálogo y comunicación con el alumnado.
Tal y como Robert Dilts nos invita (El poder de la palabra), hemos de explorar la intención oculta tras un comportamiento para separar «comportamiento» de «persona».
Se hace necesaria esta reflexión. La consideramos sensata, útil. Fomenta creer en (ser) lo que se hace, tan urgente en una profesión como la docencia. Colabora en la creación de la identidad del docente. Contrapone modas y tendencias metodológicas, impulsos descentrados y frustraciones venideras. ¿En qué se basa?
En construir para aprender.
Se puede considerar este artículo como la continuación de otro presente en este blog (ver Innovación educativa: Ser y Estar), donde se expuso la relevancia que la figura del docente posee frente a las actuales corrientes metodológicas. Asimismo, es preciso remarcar que desde Urdimbre Social participamos de esas que se titulan «metodologías activas», ejerciéndolas desde la consideración que en este texto se postula: para la construcción de un contexto cultural de aprendizaje. ¿A qué se vincula?
Todo cole (opción de término preferible al de instituto o colegio, que puede resultar más cercano), docente y alumnado tienen su cultura insertada, esto es, tienen significados compartidos y saben en qué consiste lo que allí pasa y lo que va a pasar, entienden de una forma específica para qué sirven las calificaciones, los deberes y las tutorías, la finalidad de que a un alumnx lo sientan en la primera fila y a otrx lo sientan en la última, así como otros elementos similares. Lo entienden, y más allá de eso, lo comprenden. ¿Y… entonces?
Para esta construcción que se propone en el título es clave tomar conciencia de esa cultura, observarla, reflexionarla, formar parte y hacerla nuestra para, desde ese punto, dar paso al proceso de transformación. A ello se suman la propuesta, la participación, la implicación, el contraste de miradas y la paciencia: ese proceso se genera, evoluciona y toma mil formas dado el momento de cada cultura. Ahora bien, si adopta diversas maneras, ¿qué hay en común?
La figura docente con «equipamiento emocional» cobra relevancia. Cree en (Es) lo que hace. El sentido de las acciones y prácticas de aula vienen desde sentirse y sentirlxs. La escucha activa, empatía, comunicación, acompañamiento y similares que han sido ofrecidos provocan que desde la tradicional clase magistral hasta la investigación más innovadora tengan aceptable acogida: respuestas múltiples, variadas, de amplios recursos y dirigidas hacia la trasformación para otra forma de aprender, para la construcción de una cultura de aprendizaje.
Las personas con altas capacidades no son solo individuos con un potencial cognitivo excepcional. A menudo, detrás de ese potencial intelectual se esconde un mundo emocional y social sumamente complejo que, si no se atiende adecuadamente, puede resultar un desafío para su bienestar. Las altas capacidades, a menudo vistas como una ventaja, traen consigo necesidades socioemocionales que no siempre son evidentes pero que son cruciales para el desarrollo integral de estos adultos. Este artículo explora las necesidades socioemocionales más comunes de los adultos con altas capacidades y cómo estas impactan en su calidad de vida.
La desconexión emocional. La cara oculta de las Altas Capacidades
A menudo, la percepción pública de las personas con altas capacidades se limita a su potencial intelectual, y muy pocos se detienen a considerar sus complejidades emocionales. Si bien la rapidez mental y la capacidad para resolver problemas complejos son aspectos sobresalientes de este perfil, la realidad emocional de estos individuos puede ser profundamente solitaria. La desconexión social es una de las principales necesidades emocionales no reconocidas que enfrentan los adultos con altas capacidades.
Debido a su capacidad para pensar de manera más rápida y profunda que los demás, estos individuos suelen encontrar dificultades para conectarse con personas de su entorno. Las interacciones sociales que parecen naturales para otros pueden resultar superficiales o incluso vacías para ellos, lo que genera una sensación de alienación. Esta desconexión emocional no solo se debe a la falta de afinidad intelectual, sino también a la necesidad de vínculos genuinos y significativos que a menudo no encuentran en su entorno.
La sobrecarga emocional. Una sensibilidad desbordante
La intensa vida emocional de los adultos con altas capacidades es otra de sus características más destacadas. Estos individuos tienden a experimentar una mayor sensibilidad emocional que la media, lo que puede llevarlos a percibir las emociones propias y ajenas con una claridad abrumadora. Si bien esta empatía es un don, también puede convertirse en una carga emocional cuando no se gestiona adecuadamente.
La sobrecarga emocional se presenta de diversas formas: desde una fuerte conexión con las emociones de los demás, hasta una profunda introspección que los lleva a cuestionar constantemente su entorno y sus relaciones. Este exceso de sensibilidad puede hacer que los adultos con altas capacidades se vean atrapados en un ciclo de sobreanálisis o rumiado emocional, lo que les dificulta alcanzar una paz mental duradera.
La necesidad de autocomprensión en el bienestar emocional
El autoconocimiento es una necesidad fundamental para los adultos con altas capacidades. Al no estar suficientemente comprendidos por su entorno, pueden experimentar dudas existenciales o una sensación de desconcierto. El hecho de que muchas veces no se ajusten a las normas sociales o a las expectativas de los demás puede generar sentimientos de inadecuación o frustración.
Para poder gestionar sus necesidades socioemocionales de manera efectiva, los adultos con altas capacidades necesitan desarrollar un profundo sentido de autocomprensión. Esto implica reconocer y aceptar su forma única de percibir el mundo y sus emociones. Sin este autoconocimiento, pueden enfrentar dificultades para manejar las expectativas sociales o profesionales, y esto puede llevarlos a sentirse incompletos o mal entendidos. El primer paso hacia el bienestar es, por tanto, aprender a aceptarse a sí mismos tal como son, con sus complejidades cognitivas y emocionales.
La necesidad de espacios de apoyo. Conectar con otros.
Uno de los aspectos más importantes del bienestar socioemocional de los adultos con altas capacidades es la creación de redes de apoyo. La conexión con personas que compartan intereses similares o que comprendan la intensidad de sus emociones es fundamental para que estos individuos se sientan validados. Los espacios de apoyo, donde puedan expresar sus pensamientos y emociones sin juicio, juegan un papel crucial en su estabilidad emocional.
Estas redes no solo deben ser intelectualmente estimulantes, sino también emocionalmente nutritivas. Al crear comunidades en las que los adultos con altas capacidades puedan compartir sus experiencias, es posible reducir los sentimientos de soledad y aumentar el sentido de pertenencia. Estos espacios de apoyo pueden ser informales, como grupos de discusión sobre temas profundos, o formales, como talleres de desarrollo personal enfocados en la inteligencia emocional y el manejo de las emociones.
La necesidad de equilibrio. Gestionar lo cognitivo y lo emocional
Una de las mayores dificultades que enfrentan los adultos con altas capacidades es el manejo equilibrado de sus capacidades cognitivas y emocionales. Si bien su intelecto sobresaliente es una ventaja en muchos aspectos, la falta de atención a sus necesidades emocionales puede generar un desajuste que afecta su bienestar. La constante interacción entre lo cognitivo y lo socioemocional puede resultar en conflictos internos que, si no se resuelven adecuadamente, pueden desencadenar problemas como el estrés crónico o la ansiedad.
Los adultos con altas capacidades deben aprender a gestionar tanto su potencial intelectual como sus emociones. La autorregulación emocional, la empatía y la conexión genuina con los demás son habilidades esenciales para alcanzar un equilibrio saludable. Para ello, es necesario un enfoque que valore y apoye tanto su mente como sus emociones, proporcionándoles herramientas para afrontar las tensiones entre ambos aspectos.
Las necesidades socioemocionales de los adultos con altas capacidades son tan cruciales como sus habilidades cognitivas. A menudo invisibilizadas, estas necesidades incluyen la desconexión social, la sobrecarga emocional, la necesidad de autocomprensión, el apoyo emocional y la gestión equilibrada de lo cognitivo y lo emocional. Al reconocer y abordar estos desafíos, podemos ofrecerles las herramientas necesarias para vivir una vida plena y satisfactoria. El bienestar integral de los adultos con altas capacidades solo puede alcanzarse si se les permite ser quienes son en todos sus aspectos, tanto intelectuales como emocionales, creando un espacio donde puedan desarrollarse plenamente como individuos completos.